Platon y Popper

En su obra La
República, el filósofo griego Platón define a lo ‘justo’ como aquello que
interesa al estado perfecto. El estado perfecto o ideal está formado por tres
clases: la de los comerciantes (que se encargan de la economía), los militares
(proporcionan la seguridad) y la de los reyes-filósofos, gobernantes del
estado. Estos reyes-filósofos son aquellos que han completado la educación, por
ello son más sabios y capaces de tomar las mejores decisiones para la sociedad
que gobiernan con ayuda de los soldados. Las clases están determinadas por un
proceso educativo desde el nacimiento. Un estado es justo cuando cada individuo
actúa según su clase y no interfiere en la actividad de otras, es decir, el
gobernador gobierna, el trabajador trabaja y el esclavo obedece.

Esto se puede aplicar al estímulo de distintas
maneras. En primer lugar, se puede clasificar al tatuador como alguien
perteneciente a la clase de rey-filósofo. El joven, al estar drogado, no tenía
control de sus acciones y por ello no estaba cumpliendo su función en la
sociedad. El tatuador, actuando como persona ‘sabia’, decidió que el castigo
justo era tatuarle esas palabras en la frente como advertencia al resto de la
sociedad de que este joven no estaba ayudando a mantener el estado perfecto.
Obró correctamente según su clase.

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Por otro lado, se puede considerar como
‘reyes-filósofos’ al tribunal que condenó al tatuador y a su amigo por tortura.
Estos, sabios por la educación que han recibido, tomaron la decisión de, en vez
de condenar al joven como hizo el tatuador, condenarle a él. Tanto el tatuador
como el tribunal han actuado según lo que a ellos les ha parecido justo, el
primero según su propia percepción y los segundos siguiendo unas leyes que, en
teoría, dicen lo correcto. Aun así, la opinión pública sobre este suceso está
dividida y hay muchas personas que defienden al tatuador diciendo que, si era
justo, pero el tribunal no condenó al joven, ¿defienden entonces las leyes lo
que es verdaderamente justo si tantas personas opinan lo contrario?   ¿Cuál de las dos condenas es la justa?
Siguiendo las ideas de Platón, sería justa la condena realizada por la clase de
reyes-filósofos y la otra sería un acto de egoísmo.

El filósofo Karl R. Popper expone, especialmente en
su obra La sociedad abierta y sus
enemigos una fuerte contradicción a esta idea de Platón de que el estado
justo es aquel formado por las tres clases divididas, acusándole de totalitarista.
Para Popper, existe una distribución equitativa de la carga de ciudadanía, es
decir, todos los miembros del estado tienen las mismas obligaciones y derechos.
El tribunal debe de ser totalmente imparcial y todo ciudadano es igual ante la
ley.

Volviendo a Platón y al estímulo, y siguiendo la
perspectiva de Popper, el caso anteriormente expuesto de que el tatuador estaba
actuando como rey-filósofo y por ello el castigo era justo, resulta imposible.
Si todos los ciudadanos tienen igualdad de derechos y responsabilidades, el
tatuador no tenía poder de sobreponerse al joven y castigarle él solo, sino que
tendría que haberlo llevado al tribunal, que aplicaría la justicia en un
sentido más humanista del que lo hizo el. Por ello, el delito lo cometió el
tatuador al ignorar esto.

Aun así, el tribunal condenó al tatuador, pero no al
joven por intento de robo y por consumición de drogas. Es decir, dejó el delito
del joven pasar porque se había cometido contra él uno ‘más grave’. Muchas
personas se quejaron de esto, demostrando que el sistema judicial no representa
una supuesta justicia universal. Suponiendo que Popper espera que las leyes
sean universales a la hora de confiar en el tribunal, se puede decir que la
decisión de condenar solamente al tatuador tampoco es justa y significa que es
otro ejemplo de una clase asumiendo el poder sobre otra a la hora de elegir
condena.

Entonces, para asegurar el cumplimiento de una
distribución equitativa de la sociedad, como defiende Popper, sería necesario
un sistema de leyes que defienden una verdad universal sobre lo que es justo
para que las condenas sean, también, justas. En el caso de que esto no sea
posible, habría que confiar, como defiende Platón, en una clase de
reyes-filósofos, que al ser más sabios se espera que hagan siempre lo justo y
correcto ya que no existe una verdad compartida por toda la sociedad.

Según Immanuel Kant, el ser humano es responsable
tanto de su destino como el de la sociedad., ya que los seres humanos poseen
Libre Albedrío y deben hacerse cargo de sus propios actos. El ser humano es el
único que puede emplear la razón, y debe basar sus decisiones en esto. El uso
correcto de la razón permite tomar decisiones moralmente correctas. Además, se
debe obrar de manera que la voluntad pueda instituir una legislación universal.
Si toda la sociedad sigue esta ‘norma’, no es necesario confiar en un tribunal
ya que todo el mundo obra correctamente. Kant defiende la existencia de una ley
moral universal.

Teniendo eso en cuenta, se podría decir que ambos
delitos cometidos se deben a un caso de analfabetismo moral y que no fueron
realizados con el uso pleno de la razón. Entonces ¿deberían de ser condenados
por esto, ya que, debido a su ignorancia moral, no estaban actuando de forma
totalmente libre? ¿Es justa alguna de las condenas? Aplicando las ideas de
Kant, parece ser que ninguno de los ‘condenadores’ estaba actuando según esta
ley moral universal porque la sociedad no estuvo de acuerdo con ninguna de
ellas. Es decir, a muchos les pareció justo que el tatuador tatuara en la
frente del joven esas palabras , es más, algunos opinan que fue poco para el
delito que se iba a cometer. A su vez, muchos opinan que este intento de robo
debería dejarse pasar teniendo en cuenta que el acto cometido por el tatuador
fue mucho más violento y grave.

Viendo que el sentimiento de la sociedad está
dividido acerca del tema, llego a la conclusión de que, o unos de los grupos
está equivocado y el otro es el que sabe utilizar correctamente la razón, o
ambos grupos lo están y por ello la sociedad aún no ha llegado, en conjunto, a
esas verdades morales universales cuya existencia defiende Kant. O caemos todos
en un analfabetismo moral, o gran parte de la sociedad lo hace.